lunes, 24 de julio de 2017

Amarte fue una cicatriz, no una herida

Aún recuerdo nuestros paseos por la playa
la arena no quemaba entre los dedos
ni el roce de tu piel me hacía escombros.

El mar, en ocasiones, vida mía,
se parecía a tus ojos,
pero la tormenta siempre devastaba tus pupilas,
   en la noche el silencio parecía habitar
   en los huecos de tu pecho,
   el grito se ahogaba en tu garganta
                                   y no existía el cielo
                                          ni siquiera el de tu boca


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