lunes, 2 de mayo de 2016

En la casa de al lado

En la casa de al lado
las paredes son negras,
cada vez más sucias
de libertad están sedientas.
En la casa de al lado
se respira aire y polvo,
un inerte silencio
y un corazón yace roto.

En la casa de al lado
se levantan los muros
de alados cuervos negros
que presagian la muerte
y un caballo da coces,
quiere escaparse al río,
a la orilla del río
dónde la yegua espera.

En la casa de al lado
la moral vive y mata,
y sus habitantes erran
muertos por sus pasillos,
y se miran los unos
odiándose a los otros,
cada vez con más ansia
de proclamar su palabra.

En esa casa de polvo,
de silencio y escombros
reina con voz de bruja
una Alba apagada,
cuya obsesión lucha
en vano con la muerte,
pues nadie puede matar
a un alma enamorada.

En la casa, la bruja
de pureza y de casta,
pronuncia frente a la muerte
una frase lapidaria,
todos callan y temen
apretando los dientes,
y nadie alza su voz,
sólo se escucha
silencio.

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